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Carta de una feminista que estuvo en Haití – Letter of a feminist, who has been in Haiti

Sergia Galván es feminista de República Dominicana y directora de la Organización Colectiva Mujer y Salud.  Esta mujer estuvo hace unos días en Haití y ahora ha comunicado mediante una carta, dirigida a las compañeras feministas de Latino América y el Caribe, lo que experimentó en esa zona de desastre.

La agencia Cimac Noticias se ha encargado de publicarla y compartirla a los periodistas. Aquí la transcripción del texto: 

* EL LLANTO DE HAITI

Por Sergia Galván*

Santo Domingo, Rep Dom 18 ene 10.-Regresé
en la madrugada de hoy de Haití, todo lo que
pueda contar es poco. El olor a muerte nubla la
razón, los miles de cuerpos atrapados y llorando
debajo de los escombros te hacen sentir una
migaja, las personas parecen mirar a otro mundo,
sus ojos parecen relámpagos que huyen del horror.

La gente camina, van y vienen sin rumbo,
deambulantes que cargan dolor y miseria,
deambulantes que cargan sueños en ruinas. La
gente camina, camina, camina. Es como si al
caminar se liberaran de la tragedia.

Las calles están llenas de cadáveres en
descomposición, ayer en la tarde decidieron,
enterrar a sus muertos en fosas comunes, es
probable que pidiendo perdón a sus dioses, diosas
y ancestros, decidieran sobrevivir al terremoto
de los olores, y enterrar a los suyos en fosas comunes.

Las personas han construido improvisados
campamentos en cada espacio que la tragedia haya
dejado libre, en plazas parques, calles, solares
vacíos, aún en las poquísimas estructuras que
quedan levantadas, la gente no entra a ellas ,
estar bajo algún techo genera temor, inseguridad,
miedo, pues aún la tierra sigue danzando,
reacomodando sus placas, cerrando su ciclo.

Todavía ayer no llegaba asistencia médica a los
campamentos, y en las calles las personas
intentaban curar sus heridas y alargar la muerte
mediante lo único que tenían a mano: la
espera. La deshidratación marca la piel, pues su
único techo es el sol, por suerte la lluvia ha
contenido sus lágrimas y a la caída del sol las
personas podían tirarse al suelo, arropados con su dolor.

Las caras lánguidas por el hambre y la sed,
mermaban las energías y mostraban un cuadro de
tranquila agonía. El lugar de reposo, es también
el mismo lugar para hacer las necesidades fisiológicas.

El llanto debajo de los escombros y el llanto por
las heridas, por los golpes, por los muertos, el
llanto por la cuasi vida, es imposible borrarlo,
es imposible dejar de escucharlo, hoy, en medio
de reuniones he intentado poner oídos sordos a esos llantos, pero siguen ahí.

Decidí buscar a nuestras amigas, a Lise, a
Colette, Ann Marie, a Miriam, a Nikette, a Susy,
a Magui, a Olga y a otras, y fui a visitar sus
oficinas, algunas estaban convertidas en polvo,
otras semi destruidas y no encontré a ninguna.
Una persona me informó que Ann Marie murió, lloré, lloré, lloré y seguí.

No solo las personas, también la infraestructura
del Estado sucumbió: Palacio
Presidencial, Ministerio de Economía y Finanzas,
Ministerio de Educación, Ministerio de Salud,
Ministerio Público, Ministerio del Interior,
Obras Públicas, Fuerzas Armadas, Edificio de
Impuestos Internos, hospitales en fin, el Estado no existe.

La ayuda es lenta, porque no hay con quien
coordinar, el aeropuerto no tiene torre de
control, no tienen espacio para que lleguen más
aviones, no hay luz para trabajar en la noche.
Naciones Unidas abrió un puente aéreo, pero no es suficiente.

Las organizaciones de la sociedad civil,
constituimos una Comisión Binacional para
intentar crear una plataforma en Haití que pueda
ser receptora de la ayuda, estamos haciendo
intentos por infundirles un poco de fuerza a las
amigas y amigos que no partieron, para que
estructuremos una coordinación, tomará un poco de
tiempo, pero vamos a lograrlo, las Haitianas y
Haitianos son de una fuerza especial y se van reponer.

En este momento la solidaridad es el único
aliciente, la solidaridad es la única fuerza que
logrará contener el dolor y hacer que nuestras
hermanas haitianas sientan emoción de mirar el futuro.

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Ensayo sobre la ceguera Haitiana – Essay of the Haitian blindness

Desde que el terremoto sacudió a la capital de Haití, no he podido dejar de darle seguimiento a través de diferentes medios de comunicación. Y me duele ver que finalmente, los más afectados de entre todos los damnificados, han sido y siguen siendo las mujeres, niñas y niños.

El caos, la inseguridad, violencia, pobreza y el hambre, se han intensificado debido al contexto catastrófico que están viviendo, y digo intensificado, porque Haití ya era un país marginado y negligente. 

El Fondo de Población de las Naciones Unidas, ya había emitido durante el 2009, en la convención de Cambio Climático en Copenhague, que las mujeres son las más vulnerables ante los desastres naturales, pues son ellas quienes culturalmente, se encargan y tienen la responsabilidad de ancianos y niños, de manera que cuando el lugar donde viven se ve afectado por huracanes, tsunamis o terremotos, no sólo ven por su propia seguridad, sino que tratan de socorrer a su familia.

Ahora con lo sucedido en Haití, la misma organización ha dado a conocer mediante un comunicado, que las mujeres embarazadas se encuentran en mayor peligro, debido a que no cuentan ni siquiera con los servicios médicos básicos y mucho menos con los de obstetricia, así que pueden morir a causa de complicaciones del embarazo o del parto.

La tasa de mortalidad materna en ese país Caribeño, fue monitoreada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas y era de 670 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Temen que bajo el contexto de zona de desastre, la muerte de mujeres aumente por la falta de atención de servicios médicos.  

La BBC Mundo, ha publicado que la ONU afirmó en Ginebra que el sismo en Haití ha sido el peor de los desastres que han confontrado en términos de logística, debido al completo colapso del gobierno local y la infraestructura. Así mismo, comunicaron que Amnistía Internacional ya ha pedido a la ONU que adopten medidas para proteger los derechos humanos, puesto que la anarquía que se ha desatado, puede ser el escenario perfecto para que se cometan crímenes como violación y abuso sexual, hacia mujeres, niñas y niños.

Con estos sucesos, puedo terminar de comprender lo visionario que fue José Saramago en su obra “Ensayo sobre la ceguera”.

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